20 de octubre de 2026
Cómo le hablamos a la Inteligencia Artificial y lo que nuestras interacciones revelan de nosotros
Cómo le hablamos a la inteligencia artificial… ya sea escribiendo un educado «por favor», dando una instrucción seca o mostrando frustración cuando el sistema falla; esto se ha convertido en uno de los retratos psicológicos más interesantes de la era digital. Durante mucho tiempo hemos asumido que interactuar con un modelo conversacional es un proceso técnico y neutro donde tecleamos, la máquina responde y la vida sigue. Sin embargo, la ciencia ha empezado a analizar detenidamente esta dinámica y se ha encontrado con hallazgos reveladores. La manera en que nos dirigimos a las pantallas no solo expone nuestro nivel de paciencia cotidiano, sino que empieza a dejar pistas claras sobre cómo estamos ajustando el trato hacia los demás, un punto determinante para el bienestar laboral y la cultura organizacional.
A diferencia de cualquier conversación humana, un bot está disponible las 24 horas, responde en cuestión de segundos, no se ofende, no se molesta ni pide reciprocidad afectiva. Esa asimetría elimina los filtros sociales habituales. Y cuando la presión del entorno desaparece, sale a flote nuestro comportamiento más espontáneo.
Del «por favor» a la molestia: ¿Qué tan común es perder la paciencia con un chatbot?
Para evaluar este tema con rigor, la investigación académica ha medido las reacciones de los usuarios frente a los errores del software. Un estudio publicado en el Journal of Management Information Systems analizó estas interacciones y encontró que alrededor del 10 % de los usuarios muestra conductas verbales agresivas o insultos directos cuando el agente conversacional se bloquea, comete errores o no entiende una indicación sencilla.
Los investigadores señalan que la causa principal de esta reacción no es necesariamente una inclinación agresiva de la persona, sino la combinación entre la frustración inmediata por el fallo técnico y los niveles de impulsividad de cada usuario. Por otro lado, un análisis sobre comunicación digital alojado en ResearchGate expuso un patrón particular: la hostilidad verbal hacia los chatbots tiende a aumentar cuando el sistema intenta parecer demasiado humano o empático. En otras palabras, entre más intenta la máquina imitar la calidez humana, menor es la tolerancia cuando comete una equivocación.
Cuando trabajar con la IA endurece nuestro criterio
Para muchos, reclamarle a una herramienta tecnológica puede parecer una reacción inofensiva. Sin embargo, la gran inquietud para la psicología es si estas dinámicas alteran nuestra forma de relacionarnos en el mundo real. Sobre este punto se centra un estudio de gran alcance publicado en PNAS Nexus por los investigadores Tey, Mazar, Tomaino, Duckworth y Ungar (2024).
El equipo realizó experimentos con más de 1.200 participantes para medir los efectos de colaborar con inteligencia artificial frente al trabajo en equipo con personas. ¿El resultado? Quienes colaboraron de forma continua con sistemas automatizados evaluaron el trabajo y desempeño de otras personas de manera notablemente más severa, crítica y exigente que aquellos que trabajaban con pares humanos.
Entendiendo la evidencia: ¿Un cambio de actitud o un estándar más alto?
Es clave analizar estos datos en su justa dimensión:
- El estudio no sostiene que discutir con una IA transforme a una persona colaborativa en un líder autoritario.
- Lo que la evidencia demuestra es un efecto de transferencia de comportamiento: la exposición permanente a la inmediatez y precisión de la IA modifica temporalmente nuestro margen de tolerancia ante las equivocaciones humanas.
Al acostumbrarnos a que una herramienta responda al instante y sin vacilaciones, la empatía frente al margen de error, el cansancio o los procesos de aprendizaje de un compañero de trabajo se reduce de forma inconsciente.
Los tres factores clave que operan tras la pantalla
Para entender cómo se trasladan estos hábitos al ámbito de las empresas, la psicología organizacional identifica tres elementos determinantes:
1. La desinhibición digital
En el trato directo, captamos expresiones, tonos de voz y actitudes que activan el respeto y la empatía. Ante una pantalla, al no haber una persona al otro lado que reciba el impacto de la molestia, el filtro social se relaja. Y por ende, se descarga la frustración sabiendo que el sistema no experimentará ningún malestar.
2. La normalización del tono
La psicología del comportamiento confirma que repetir un hábito debilita la paciencia, como lo es exigir resultados inmediatos con un tono tajante. Si se vuelve habitual tratar con frialdad o molestia a un sistema porque tarda en procesar, existe el riesgo de trasladar esa misma exigencia a los equipos de trabajo.
3. La trampa de la productividad ilimitada
Asumir que la IA es un recurso inagotable e infalible fomenta un estándar de rendimiento riguroso. Si se traslada esa misma expectativa de inmediatez a las personas, se entra en conflicto directo con los principios del liderazgo consciente y con el cuidado de la salud mental en las organizaciones.

Conclusión: ¿Un desahogo puntual o un hábito que impacta el clima laboral?
La ciencia es clara: existen pruebas experimentales de que la interacción constante con la inteligencia artificial modifica nuestros criterios de evaluación y nuestra exigencia hacia el trabajo de otros, aunque no hay evidencia de que utilizar un tono fuerte con un algoritmo transforme por sí solo la personalidad de alguien.
Sin embargo, para los líderes y profesionales enfocados en fortalecer el clima laboral y la empatía, este panorama invita a una reflexión indispensable. Permitiendo que la inmediatez de la tecnología guíe nuestros estándares de trato, corremos el riesgo de restar calidez y tolerancia a los entornos laborales. La inteligencia artificial está diseñada para optimizar procesos y aligerar cargas, no para convertirse en un espacio donde perdamos la paciencia, la comprensión y la dimensión humana del trabajo en equipo.
